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¿Qué es honestidad?

La honestidad no se limita únicamente a lo que dices. El verdadero significado del término es CONGRUENCIA:

  • nada de lo que dices está en contradicción con lo que piensas o haces
  • ningún pensamiento se opone a otro
  • ningún acto contradice tu palabra
  • ninguna palabra está en desacuerdo con otra

Así son los honestos. No están en conflicto consigo mismos a ningún nivel. Por lo tanto, les es imposible estar en conflicto con nada o con nadie.

La paz que experimentan los maestros de Dios avanzados se debe en gran medida a su perfecta honestidad. Sólo el deseo de engañar da lugar a la pugna. El que es uno consigo mismo, no puede ni siquiera concebir el conflicto. El conflicto es el resultado inevitable del auto-engaño, y el auto-engaño es deshonestidad.

Todas las demás características de los maestros de Dios se basan en la confianza. Una vez que ésta se ha alcanzado, las otras se suceden naturalmente. Sólo los que tienen confianza pueden permitirse ser honestos, pues sólo ellos pueden ver el valor de la honestidad.

Manual del Maestro Sección 4, Característica II, Párrafos 1- 2

La búsqueda de la verdad no es más que un honesto examen de todo lo que la obstaculiza. La verdad simplemente es. No se puede perder, buscar ni encontrar. Está donde quiera que estés, pues está en tu interior. Aún así, puedes reconocerla o pasarla por alto, o bien puede ser real o falsa para ti. Si la ocultas, se vuelve irreal para ti por haberla ocultado y haberla revestido de miedo. La verdad yace oculta bajo cada piedra angular de miedo sobre la que has erigido tu demente sistema de creencias.

Texto, Capítulo 14, Sección VII, Párrafo 2

Y Jesús te dice...

Nunca se te ha ocurrido realmente renunciar a todas las ideas que jamás hayas tenido que se oponen al conocimiento. Conservas miles de retazos de temor que le impiden la entrada al Santísimo. La luz no puede filtrarse a través de los muros que levantas para obstruir su paso, y nunca estará dispuesta a destruir lo que tú has hecho. Nadie puede ver a través de un muro, pero yo puedo transponerlo.

Manténte alerta contra los retazos de miedo que aún conservas en tu mente, o, de lo contrario, no podrás pedirme que lo transponga. Sólo puedo ayudarte tal como nuestro Padre nos creó.

Te amaré, te honraré y respetaré absolutamente lo que has hecho, pero no lo apoyaré a menos que sea verdad. Nunca te abandonaré tal como Dios tampoco te abandonará, pero tengo que esperar mientras tú continúes eligiendo abandonarte a ti mismo. Debido a que espero con amor y no con impaciencia, es indudable que me pedirás con sinceridad que lo transponga. Vendré en respuesta a toda llamada inequívoca.

Examina detenidamente qué es lo que estás realmente pidiendo. Sé muy honesto contigo mismo al respecto, pues no debemos ocultarnos nada el uno al otro. Si realmente tratas de hacer esto, habrás dado el primer paso en el proceso de preparar a tu mente a fin de que el Santísimo pueda entrar en ella. Nos prepararemos para ello juntos, pues una vez que Él haya llegado, estarás listo para ayudarme a preparar otras mentes a que estén listas para Él.

Texto, Capítulo 4, Sección III, Párrafos 7-8

Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra…

Hoy seré honesto conmigo mismo. No pensaré que ya sé lo que no puede sino estar más allá de mi presente entendimiento. No pensaré que entiendo la totalidad basándome en unos cuantos fragmentos de mi percepción, que es lo único que puedo ver. Hoy reconozco esto. Y así quedo eximido de tener que emitir juicios que en realidad no puedo hacer. De esta manera, me libero a mí mismo y a todo lo que veo, de modo que pueda estar en paz tal como Dios nos creó.

Lección 243, Párrafo 1

Es necesario que el maestro de Dios se dé cuenta, no de que no debe juzgar, sino de que no puede. Al renunciar a los juicios, renuncia simplemente a lo que nunca tuvo. Renuncia a una ilusión; o mejor dicho, tiene la ilusión de renunciar a algo.

En realidad, simplemente se ha vuelto más honesto. Al reconocer que nunca le fue posible juzgar, deja de intentarlo. Esto no es un sacrificio. Por el contrario, se coloca a sí mismo en una posición en la que el juicio puede tener lugar a través suyo, en lugar de ser emitido por él. Y este juicio no es ni "bueno" ni "malo" Es el único juicio que existe, y es sólo uno: "El Hijo de Dios es inocente y el pecado no existe".

Manual del Maestro Sección 10, Párrafo 2

Meditación

Siéntate en silencio y cierra los ojos. La luz en tu interior es suficiente. Sólo ella puede concederte el don de la visión.

Ciérrate al mundo exterior, y dale alas a tus pensamientos para que lleguen hasta la paz que yace dentro de ti. Ellos conocen el camino. Pues los pensamientos honestos, que no están mancillados por el sueño de cosas mundanas externas a ti, se convierten en los santos mensajeros de Dios Mismo.

Éstos son los pensamientos que piensas con Él. Ellos reconocen su hogar y apuntan con absoluta certeza hacia su Fuente, donde Dios el Padre y el Hijo son uno. La paz de Dios refulge sobre ellos, pero ellos no pueden sino permanecer contigo también, pues nacieron en tu mente, tal como tu mente nació en la de Dios. Te conducen de regreso a la paz, desde donde vinieron con el sólo propósito de recordarte cómo regresar.

Ellos acatan la Voz de tu Padre cuando tú te niegas a escuchar. y te instan dulcemente a que aceptes Su Palabra acerca de lo que eres en lugar de fantasías y sombras. Te recuerdan que eres el co-creador de todas las cosas que viven. Así como la paz de Dios refulge en ti, refulge también en ellas.

Lección 188, Párrafos 6-8

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